agosto 11, 2015

Tuve sexo con el arte.

Árbol que creció del flujo de sentidos que salía de mi cabeza, ramas de canciones que cubrían la espesura de la noche, hojas que se extendían por las palabras que fueron canciones las cuales nacieron de su cuerpo desnudo, mis ojos viendo su cuerpo desnudo, mi mente desnuda, su cuerpo en forma de lienzo lleno de pinturas, dibujos llenos de curvas, colores intensos a la mirada débil de estos ojos al ver tal obra, arte tallada por las ganas de pintar algo nuevo en sus cuerpos, a la vez, como una danza.

Mi cuerpo no podía recuperar lo que en ese momento había sido su alma, salió de su cuerpo y empezó a viajar por donde quería, visitó a un alma que se encontraba cerca y fue instantáneo el efecto imán entre ellas, de golpe los cuerpos empezaron a sentir de nuevo, había regresado el viajero, pero venía con algo más, sea lo que sea, hacía que los dos cuerpos no se separaran.

Abrí los ojos y ahí seguía su cuerpo cálido a un costado del mío, su brazo en mi pecho y mis ojos encandilados por el sol que entraba en rayos por la ventana que mostraba pequeñas partes de su piel, con la mano abrí la ventana, recuerdo...




Desearía que cada vez que abra la ventana estuviera aquella mujer, llena de arte, como aquel día.

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