Juguemos un juego, juguemos a que nos gustamos, vamos a sentir el
zoológico en nuestros cuerpos cada vez que nos vemos a los ojos directamente, soñemos con el
otro en un lugar donde nadie pueda entrar, donde nada más nosotros podamos entrar.
A ser frágiles a las palabras del otro, a las palabras que nos cobijan en sus
brazos y nos hacen sudar frio con sentir ese sentimiento de temor incluso al
hablar o hasta al tomar un café, un café donde la falta de azúcar recalque el
amargo de su sabor y las ganas de tenerse el uno al otro.
Juguemos a besarnos, a
quitarnos el aire en un frenesí de besos que inunden el alma, que mis manos
bailen junto con su cuerpo un vals descontrolado, besarnos hasta que veamos
nada más que el sol en nuestras caras, hasta que sienta nada más que sus labios
explorando mi rostro junto a sus dedos pasando por mi espalda, hasta que se nos
olvide que estábamos jugando.
Juguemos a abrazarnos, a conectar nuestros cuerpos uno con el otro
en un abrazo melódico, que su cuerpo pinte caricias en mi cuerpo. Abracémonos
hasta que nuestros cuerpos pidan más, hasta que el tacto deje de recordar y
empiece solamente a sentir, a sentir su calor como cubre cada parte de mi
cuerpo como si fuera un lienzo y ella la pintora, sus manos en representación
de los mejores pinceles que pudo tener el mejor artista, juguemos a pintarnos en
el cuerpo dibujos llenos de relojes, a ver si al fin logramos con algo detener
el tiempo.
Juguemos a que este juego es real, que esas noches de nuestros
cuerpos desnudos acostados sobre hojas de cuaderno con escritos de deseos
fueron reales, porque es imposible que mi alma ignore todas las canciones que
tocamos con nuestros labios en aquel momento donde olvidamos las reglas y pensamos
por unos minutos que todo era real.
Y cuando el juego termine prometo guardar el libro donde escribí
todas sus reglas, porque lo leeré siempre que mis palabras sangren por ser
escuchadas una vez más en el juego de dos enamorados que pretendieron no
perder, porque el que se enamora gana, el que no cree el juego pierde.
Juguemos un juego, prometo que no es real, al igual que las
canciones que dedico a la lluvia todas las noches sin ser escuchadas, todos los
poemas quemados en el olvido, donde nunca serán vistos.