octubre 26, 2015

El juego de dos enamorados.



Juguemos un juego, juguemos a que nos gustamos, vamos a sentir el zoológico en nuestros cuerpos cada vez que nos vemos a los ojos directamente, soñemos con el otro en un lugar donde nadie pueda entrar, donde nada más nosotros podamos entrar. A ser frágiles a las palabras del otro, a las palabras que nos cobijan en sus brazos y nos hacen sudar frio con sentir ese sentimiento de temor incluso al hablar o hasta al tomar un café, un café donde la falta de azúcar recalque el amargo de su sabor y las ganas de tenerse el uno al otro.

Juguemos a  besarnos, a quitarnos el aire en un frenesí de besos que inunden el alma, que mis manos bailen junto con su cuerpo un vals descontrolado, besarnos hasta que veamos nada más que el sol en nuestras caras, hasta que sienta nada más que sus labios explorando mi rostro junto a sus dedos pasando por mi espalda, hasta que se nos olvide que estábamos jugando.

Juguemos a abrazarnos, a conectar nuestros cuerpos uno con el otro en un abrazo melódico, que su cuerpo pinte caricias en mi cuerpo. Abracémonos hasta que nuestros cuerpos pidan más, hasta que el tacto deje de recordar y empiece solamente a sentir, a sentir su calor como cubre cada parte de mi cuerpo como si fuera un lienzo y ella la pintora, sus manos en representación de los mejores pinceles que pudo tener el mejor artista, juguemos a pintarnos en el cuerpo dibujos llenos de relojes, a ver si al fin logramos con algo detener el tiempo.

Juguemos a que este juego es real, que esas noches de nuestros cuerpos desnudos acostados sobre hojas de cuaderno con escritos de deseos fueron reales, porque es imposible que mi alma ignore todas las canciones que tocamos con nuestros labios en aquel momento donde olvidamos las reglas y pensamos por unos minutos que todo era real.

Y cuando el juego termine prometo guardar el libro donde escribí todas sus reglas, porque lo leeré siempre que mis palabras sangren por ser escuchadas una vez más en el juego de dos enamorados que pretendieron no perder, porque el que se enamora gana, el que no cree el juego pierde.

Juguemos un juego, prometo que no es real, al igual que las canciones que dedico a la lluvia todas las noches sin ser escuchadas, todos los poemas quemados en el olvido, donde nunca serán vistos.

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