Ellos vieron amor, condicional y directo, punzante y doloroso,
vieron arte muerta en un plano donde la
hicieron creer en una historia de hadas que hasta su nombre tenía falso,
lloraron ilusiones que un día fueron la luz que su alma llenaba, luz incandescente
y penetrante que un día nada más fue oscuridad en su camino, desató miles de caídas
pero sus rodillas aguantaban esas piedras que se clavaban en forma de tristeza
hasta que llegó el día que no podía soportar.
Pero tal sombra se fue disipando y conoció la verdadera luz, agua
que refrescaba todo su ser, aire que pasaba por su cabello llevando con el toda
indiferencia, tierra que se caía de sus codos maltratados, fuego que inundaba
sus ojos llenos de ganas de amar, amar a la vida que un día le arrebataron
criminalmente, pero poco a poco iba siendo devuelta a su contenedor en alma tan
pura que jamás nadie debería rasgar.
Fue así como la historia de los ojos nuez llegó a su final, final
incierto que trataba de cerrar con un final feliz, pero decidió que los finales
felices no iban de la mano de nadie, sino de la mano de la vida propia, donde
sus ojos seguirían atrayendo mis ojos a ser débiles.
En silencio, cuento la historia de los ojos nuez.
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